11/4/09

Cada hora es un lugar vivo de nuestra existencia que ocurre solo una vez, irremplazable para SIEMPRE. Aquí reside la tensión de la vida, su grandeza, la posibilidad de que la inasible fugacidad del tiempo se colme de instantes absolutos, de modo que, al mirar hacia atrás, el largo trayecto se nos aparece como el desgranarse de días sagrados, inscriptos en tiempos o en épocas diferentes. Detener la vida, su inefable transcurrir, no solo es imposible sino que, de hacerlo, caeriamos en la más negras de las depreciones; los dias nos pasarian carentes de toda trascendencia, nos sobrarian y podriamos desperdiciarlos banalmente ya que nada ensencial se jugaria en ellos.

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